domingo, 16 de abril de 2017

ROMANTICISMO






No hay nada romántico
en la cirrosis medicamentosa,
ni en una puñalada por un gramo,
ni en la demolición de un grupo de chabolas.
No hay romanticismo
en la ruidosa soledad de megaurbe
en las felicidades de neón
en la escopeta que al hermano
en el fantasma familiar del dictador.
No hay
en la bandeja congelada, el hambre y la balanza,
en el espejo que mata a las muñecas,
ni en el llanto
de un padre que no puede más.
No hay romanticismo
en las oscuridades y las ruinas
de esta maldita época.

WALDEN




HANNAH MONTANA





Últimamente, varias personas sin aparente relación, me han preguntado qué me parece la nueva actitud de Miley Cyrus. Yo, por completa ignorancia y total desinterés, les he contestado a todos con un escueto: me da igual. 

Todo esto empezó a resultar sospechoso, cuando seguían sumándose las personas a quienes parecía importarles realmente mi opinión sobre este tema. Me tuve que documentar. 
Algo no encajaba, parecía una simple aunque aguda estrategia comercial. La niña buena de América, la mejor amiga de vuestra hija del canal infantil, chupando un martillo en pelotas. Pude imaginar a todos ellos, escandalizados con el mencionado vídeo, machacándosela después frente a un ordenador que proyecta mujeres de la edad de sus hijas, en actitud similar. Alguien puede interpretarlo, seguramente con acierto, como otro ejemplo en el que se usa el cuerpo de una mujer como reclamo de un sediento público machista, con enormes penes de demolición. A mí me sigue dando igual. Creo que la chica tiene un buen desnudo y que su actitud ha sido decisión suya, o de un manager bien pagado. Yo me hubiese desnudado por bastante menos de la mitad de lo que van a recibir cada uno. 

Seguí sin encontrarle relevancia al asunto. Dándole vueltas, tropecé con lo que empezaba a chirriarme en los oídos, lo realmente siniestro de esta rocambolesca situación. Nadie, ni uno solo, se había parado a preguntarme qué me parecía que varias personas llevaran en huelga de hambre en Sol más de un mes, por los derechos de otras personas que ni conocen. Sencillamente, ni me había enterado, hasta hace apenas dos días. Debido también al vacío mediático realizado por sistema.

A partir de ahora, cada vez que alguien me pregunte qué me parece que una mujer se desnude por decisión propia, diré sencillamente: maravilloso, y me pondré a investigar por mi cuenta qué está ocurriendo, realmente.


jueves, 9 de marzo de 2017

CADA NOCHE



Ayer, le acercó hasta el portal, desde el trabajo,
un tipo que también vive en Móstoles.
Le estuvo contando que entra por el garaje
y se cambia en el trastero,
antes de entrar en casa, cada noche
así nadie se da cuenta que
se viste de mujer.

Mi madre me contaba
todo lo que se notaba que, en realidad, es un hombre.
Cree que le reconocería fácilmente,
si se le cruzara por la calle,
sin pintar.

Lo mejor de todo,
es la cara de mi madre contando las historia,
como si la iluminara
con esa sensibilidad tan especial
y la seguridad
que le da encender un cigarrillo:
«La verdad, que es una chica muy alta
y Estaba muy muy guapa.»

TRES CUBOS



Desde la ventana del salón,
veo tres cubos de basura.
Todos los días,
sobre la misma hora, un hombre
cuelga medio cuerpo
dentro de uno de ellos.
Este país es un trilero
que esconde con gran habilidad
la bolita del primer mundo.

martes, 7 de marzo de 2017

AQUEL TIPO NO CREÍA EN MARIPOSAS





Me golpeaste mil quinientos aletazos,
mil quinientos polvos amarillos,
cada parpadeo, sin dudar,
sin cicatriz de golosina.

Había dejado de quemarme en los mecheros,
la deriva del molino no me hacía sentir sino cosquillas
y tuviste que venir a calcinarlo todo,
a consentir tu ancla,
tu onda expansiva de semicorcheas.

Como el hombre primitivo teme a la tormenta,
creí que era dolor, pero era pan caliente.
Has tenido que llegar, arrasando con todo,
para hacerme ver lo estúpido y débil
de mi torre de naipes,
de mi dado de seis ceros.

Me has pillado con la guardia baja
porque no conozco otra manera de enamorarme
que bajar las manos.

Y qué bien has llegado, huracán, tropezón,
a imponer tu latitud y tu temperatura,
manchándolo todo de verano,
para hacerme después besar la nieve.

No debiste haberme hecho creer invulnerable.

Hoy, cariño, hay que hablar de lealtad y cocaína,
de humanidad, de petróleo.
Se me llenan de paredes las arañas
y el pan se ha convertido en avispas
en la lengua.

El cabezazo es no-poesía si no-tú,
una ligereza que mata de entusiasmo.
Puedo comerle la boca a la vida,
suficiente, lamiendo todos sus venenos,
mientras miro cómo te vas

y la nota
en el salón
con tinta roja.


Las palabras son ceniza que se vence contra el viento,
se me ahogan de lágrimas, de azul,
las mariposas.
El tambor finge un sonido sordo y pálido de rendición.
La vida es una bandera negra,
una autopista de peaje,
una muda de piel,
una foto velada.
Mi bolsa entera de canicas rodando por las escaleras.


Me he atado las manos a la espalda
para no escribir tu nombre en el teléfono
y estoy poniendo guapas las esquinas,
con todo
lo que me sobra dentro.
Me dejo rodar cuesta arriba, tumbado en el sofá
y no sé cómo caí del árbol,
ni cómo matar la tarde, sin ser cómplice.

Hundir el plomo es imposible,
como no creí en las mariposas.

Si queda algo de aliento, de calor,
como una cuerda de piano que me sostiene
por el cuello, con firmeza y no
me permite caer
y aun me hace poder que creo
creer que puedes aparecer
si afloja la tormenta.


domingo, 19 de febrero de 2017

RELATIVA GRAVEDAD




Cuando no se qué pensar,
porque llevo cuatro horas colocando calcetines
o
recorro Madrid sumido en un atasco
con la radio del coche rota
o tengo la impresión que el calendario
me dobla en eficiencia y velocidad,
suelo pensar en ella.

Entiendo que es algo que le pasa a todo el mundo.

puedo verlo en las miradas,
a través de los cristales, todos
buscamos la manera
de dar a todo esto algo de sentido,
de hacerlo llevadero,
amaestrando el colador de los motivos.
Así, cada caída
se permite la oportunidad de jugar hacia arriba
o pegar un planeo aparentemente interminable.
Me entenderás,
si también has coincidido en algún puto
de esa gravedad
que se ríe del planeta y las manzanas.